lunes, 23 de noviembre de 2015

Somewhere over the rainbow

Estoy de nuevo en Amsterdam, lo último que puedo hacer es quejarme.
Quiero empezar con algo que escribí in situ: "Ciudad en la que unas escaleras llevaron a un amigo al cielo y yo pierdo el juicio buscando la ley. Así describiría las noches de Amsterdam de una manera brusca y refiriéndome a esta visita. Queda muy feo generalizar."

Una vez hecho me dirijo a contar un poco como fue este retorno a esta ciudad. Empezó un jueves de cena con los del máster en un restaurante feniciano. Una cosa llevó a la otra, birrilla, birrilla y no pegué ojo si no hasta cuando me subí en el avión a eso de las 7 y tristemente de las dos horas de viaje solo pude dormir una.
Después de encontrarme a un par de amigos -Marcelo y Manu- e instalarme en el hostal (católico) en el centro del distrito rojo pues nos dedicamos a recorrer la ciudad.
Todo empezó muy cultural, fuimos al Rijks museum a ver que encontrábamos por allí, además del famoso I AMsterdam pues dentro del museo vimos la Lechera, uno de los autoretratos de Van Gogh y ahora de cabeza no me acuerdo de más.

Luego, mientras ellos iban a la Heineken experience dormí un poco, el cuerpo me lo pedía. Dormí un par de horas hasta que me vinieron a buscar para ir a recorrer el famoso red district de Amsterdam
En algún bar del barrio rojo.
y que digo de allí? Recorrimos cada una de las calles donde estaban las princesas de saldo y esquina (con perdón de Sabina) y visitamos un bar llamado Bulldog, mientras encontrábamos turistas extraviados y nos ofrecían alguna que otra cosa ilegal.

El día siguiente fue parecido, fuimos a visitar el mercado de flores y una vez más nos separamos, ellos al estadio del Amsterdam, yo al museo Van Gogh. Lástima no haber podido tomar fotos. Los 12 girasoles es algo hermoso -creo que es algo personal.
Mercado de flores
Nos volvimos a encontrar para ir a cenar y ver dónde acabábamos esa última noche que estaríamos juntos. La verdad acabamos mal, como era de esperarse pero felices.

Amsterdam no cambió mucho desde la última vez que la visité con mis padres, era yo el que había cambiado mucho. La ciudad seguía teniendo ese encanto que tanto nos cautivó a mis padres y a mí, aun no sabemos que fue. A mi personalmente los canales -no precisamente limpios- me transmitieron una sensación encantadora.

Estando con mis padres, visitamos el museo de cera el cual totalmente recomiendo a pesar del precio e ir al museo erótico con los padres posiblemente no es muy cómodo. Otro lugar a destacar es la casa de Anna Frank la cual cobra vida si se ha leído su famoso diario.

En el museo erótico
En el museo de cera con la princesa Fiona

I AMsterdam
Creo que pocas ciudades me han cautivado tanto como esta y espero haber trasmitido un poco de ese misticismo que la envuelve en tan pocas palabras. Es una ciudad llena de historia, lugares culturales y hay mucho que aprender. Lo que escribí es muy poco para describir una ciudad tan grandiosa.

Un saludo.


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