lunes, 9 de noviembre de 2015

6 años después vuelvo a cruzar el Atlántico.

Media década más un año ha pasado desde que me embarqué en ese viaje con escala de una hora en Madrid para acabar llegando a Barcelona y para ser más específicos: Vic (capital de la Cataluña central con permiso de los de Manresa). Llegué sin tener idea de lo que es Cataluña; el catalán, el tronco -que hay que darle duro para que de regalos-, el pa amb tomàquet, el empordà y el 1714.
Llegué por una sinergia de cuestiones familiares y para cursar el grado en Ciencias Ambientales. Acabé aprendiendo catalán, haciendo un máster, conociendo el Delta del Ebro y bebiendo agua y vino a la hora de almorzar. No canto el: "In-inde-independencia" (unos creen que es un fallo) pero lo respeto; creo en la libertad de expresión y porque hace unos 200 años en Colombia estábamos en un proceso con el mismo fin pero medios diferentes. Seguro que de haber llegado a otra parte de España hablaría de ella tal y como hablo de Cataluña.

Es fácil imaginar que el Andrés y la Colombia de hace 6 años son muy diferentes, yo a pesar de ello sigo conservando algunos defectos que traje en el equipaje. 
Playa de la Concha de San Sebastián, España.

En estos 6 años he podido aprender y conocer mucho; estaré siempre agradecido con la vida   y en especial con mis padres y mi hermana de haber decidido, el día que fuese, habernos venido para acá.

Vivir en Europa tan mitificada, atacada, defendida y grandiosa a la vez, me ha hecho una persona diferente a la que sería de haberme quedado en Colombia. No sé si mejor o peor (no soy nadie para definir que es lo bueno y lo malo) pero diferente. 
Ahora sé que es el invierno, y las noches blancas cobran sentido para mi. He conocido muchas culturas y lenguas en un espacio tan reducido y llevo en mi memoria al menos una palabra que no me sirve de nada en el día a día, pero presumir nunca está de más.

En un parque en Gödöllö-Hungría
Como cualquier aventura, me tenía esperada muchas sorpresas: Europeo de atletismo, Kenia, Mundial Junior de Atletismo, Hungría, solo por nombrar algunas.

Con Michelle Jenneke en Barcelona.

En alguna parte del Masai Mara

Son muchos los recuerdos que espero guardar por un buen tiempo, y es que de alguna manera u otra, me han moldeado y me han llevado a ser a como ahora soy. 
Entre tanto (pero no suficiente) de lo que hice, tuve la fortuna de conocer mucha gente que vale la pena. En la universidad, en atletismo, en viajes, en la calle, en los bares y en los museos. Sin ellos, lo que viví posiblemente no hubiera sido tan intenso y algunos recuerdos no sería tan borrosos.

En pocas horas llamarán a embarcar los pasajeros con destino Bogotá y empezaré una nueva etapa en la tierra que me vio nacer. Nos vemos próximamente en Colombia.

Un abrazo.

Gracias, gràcies, danke, Koszonom, thank you.


2 comentarios:

  1. Impecable Andrés! Exitos y ya te visitaremos por aquellos lares!

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    1. Gracias nacho! Cuando vayas a tu tierra puedes pasarte por aquí! Un abrazo

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